Huertos en las terrazas

Un buen propósito para el nuevo año: instala un huerto en la terraza

Una propuesta especialmente recomendable si hay niños en casa: el pequeño huerto urbano les permite vincularse en directo con la naturaleza y seguir el ritmo de las estaciones


Un buen propósito para el nuevo año: instala un huerto en la terraza
Crear y cuidar un pequeño huerto nos puede ayudar a conecta con la naturaleza (Ana Jiménez)

Tengo un pequeño huerto en la terraza de mi casa. Cada día salgo a echarle una ojeada con las primeras luces del día y a tocar la tierra con las manos. Eso hace que me sienta bien. Arranco una hierba aquí, otra allá. Observo el crecimiento de las plantas, recolecto lo que modestamente me ofrece el ritmo de las estaciones, o sencillamente remuevo la tierra húmeda con las manos para disfrutar a pequeña escala de ese aroma tan característico que exhala el campo tras la lluvia: el olor a tierra mojada.

En mi caso, como en el de la mayoría de la gente, no dispongo del terreno necesario para cultivar una huerta tradicional. En su lugar dispongo de una modesta mesa de cultivo -la clásica de 140x70 cm- colocada en la terraza de mi vivienda.

Pero existen muchas otras alternativas para disfrutar del placer que otorga cultivar la tierra en un pequeño rincón de la galería o el balcón del piso. Desde armarios para cultivo (en Ikea por ejemplo tienen uno muy práctico) hasta huertos verticales, de los que se sujetan en la pared; desde mesas de huerto hasta cajones de suelo. Todo ello de todos los tamaños, materiales y diseños y a partir de poco más de veinte euros.

Los grandes centros de jardinería disponen de un amplio catálogo de modelos, pero también existen numerosas tiendas on-line dónde se pueden adquirir éstos huertos urbanos con entrega a domicilio. Tan solo se trata de visitar sus webs y elegir el que mejor se adapta a nuestras necesidades.

Convertirnos en agricultores de terraza nos permite, además de disponer de una pequeña cantidad de verduras y hortalizas frescas, adquirir enseñanzas sobre el ritmo de los cultivos en la naturaleza o el calendario vegetal y su relación con el paso de las estaciones.

Algo que resulta especialmente recomendable si hay niños en casa. El pequeño huerto urbano les permite vincularse en directo con la naturaleza y seguir el ritmo de las estaciones en el campo. Aprenden por ejemplo cuánto tarda en crecer una escarola, el tiempo que precisa un tomate desde que se abre la flor hasta que madura y puede ser arrancado, o cómo la exótica flor del calabacín (parece un ibiscus amarillo!) se transforma en fruto.

Pero además del aspecto educativo (insisto, muy importante para vincular a los chicos con la labor de la tierra) el cultivo de un huerto urbano en la terraza o el balcón puede convertirse en un pequeño auxilio para la economía doméstica. Los plantones de lechuga, por ejemplo, cuestan entre cinco y diez céntimos de euro, y al cabo de un mes ya están listos para incorporarse a la más saludable de las ensaladas. Algo parecido ocurre con el resto: apio, calabacín, pepino, berenjena, puerro, cebolla, guisante, pimiento, escarola, acelga, espinaca, zanahoria y un largo listado de frutas y hortalizas que nos ayudarán a darle un buen pellizco a la cesta de la compra y disponer de alimentos frescos y 100% ecológicos.

Cada vez somos más los que disfrutamos del cultivo de la tierra sacándole fruto a la terraza o el balcón, plantando hortalizas y verduras en lugar de geranios o xefleras. Por eso me atrevo a recomendarles que entre los propósitos para el nuevo año añadan el de instalar en casa un pequeño huerto urbano.

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