Agrobío, bichos buenos para combatir las plagas

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 En la última década, Almería ha vivido una transformación silenciosa sin precedentes. Dentro de los invernaderos que dan de comer a toda Europa se ha venido fraguando una revolución verde a escala diminuta, pero de consecuencias gigantescas: bichos buenos que se comen y aniquilan a bichos malos. Una técnica natural para acabar con las plagas que echan a perder los cultivos sin necesidad del uso excesivo y, en muchos casos nocivo, de plaguicidas, pesticidas y otros tóxicos.

Y en toda esa transformación ha tenido mucho que ver Agrobío, empresa líder en el sector y todo un referente tanto en la polinización con abejorros como en el control de plagas mediante depredadores naturales. Gracias a ella, se ha conseguido que hoy el 80% del cultivo intensivo en Almería utilice este tipo de insectos.

La empresa, ubicada en La Mojonera, en pleno corazón del mar de plástico almeriense, fue la primera en España en comercializar hace ya 20 años colmenas de abejorros para la polinización natural de los tomates. Hace diez, también fue pionera en la producción de “fauna auxiliar” o insectos depredadores. Hoy lleva el timón del sector, factura más de 30 millones de euros –de los que casi la mitad proceden del mercado exterior–, tiene filiales en Marruecos y Turquía y sus instalaciones atraen visitas de los cuatro rincones del planeta, desde el norte de Europa a los países árabes, pasando por América latina.

Sala de fecundación de la producción de abejorros.ampliar foto
Sala de fecundación de la producción de abejorros.Agrobío

 

Todo empezó en 1995. “Éramos jóvenes, habíamos visto que había salido un experimento con bichos en el norte de Europa y queríamos probar una nueva oportunidad de negocio”, rememora el gerente de Agrobío, José Antonio Santorromán, que hasta entonces se dedicaba a la comercialización de semilleros. Ese experimento, realizado por un veterinario belga, evidenció que, a diferencia de las abejas, los abejorros eran capaces de polinizar plantas dentro de invernaderos. La razón: la falta de comunicación.

Las abejas buscan las mejores flores, aquellas que tienen más polen y néctar. Y cuando las encuentran, avisan a las demás gracias a un sistema de comunicación del que carecen los abejorros. Pero hay un problema. A las abejas no les gusta la flor del tomate ya que no da néctar, de manera que si se las encerrara en un invernadero, irían fuera en busca de flores más atractivas y avisarían al resto. Con los abejorros, en cambio, eso no pasa. “Ese pequeño detalle ha supuesto un avance impresionante en el mundo de la horticultura”, desvela Santorromán.

Hasta la década de los noventa, para la polinización se usaban hormonas de crecimiento que, asegura, “daban tomates rarísimos que no habían quien se los comiera”. Tras su prohibición, se pasó a métodos mecánicos, pero “el cambio espectacular” llegó con la introducción de las colmenas de abejorros en los invernaderos. Y cuando Agrobío empezó a producirlos en laboratorio y a comercializar las colmenas, “no había nada parecido en España”. Fueron los primeros y durante muchos años estuvieron solos.

Hoy, sus pequeños insectos himenópteros de color negro y bandas blancas y amarillas copan el sector: más de la mitad de los abejorros que se usan para la polinización de cultivos en España son producidos por Agrobío y, a nivel internacional, la cuota ronda nada menos que el 25%. “Llevamos dos décadas mejorando nuestra tecnología y hoy tenemos una empresa que puede competir a nivel mundial con otras”, declara.

Mientras se hacían fuertes con sus abejorros, en 2007 se lanzaron al siguiente reto: la revolución del control biológico de plagas. Utilizar depredadores naturales en lugar del uso abusivo que desde la década de los sesenta se había hecho de los pesticidas. Una mala praxis que había llevado a que las plagas mutaran cada vez más rápido y fueran más y más resistentes a los químicos.

“Por aquel entonces, entraban en el mercado muchos productos químicos ilegales procedentes de China. Hasta que en 2007 se produjo una alerta sanitaria muy importante y desde Europa se pusieran serios”, revela. Siendo Almería la despensa europea, el sector tuvo que reaccionar. “No quedaba otra. O los agricultores se adaptaban o tendrían que cerrar. El consumidor quería comer limpio”, sentencia.

La solución: recuperar el equilibrio natural entre bichos buenos y malos. Algo que siempre ha existido en la naturaleza, pero que la mano del hombre, con la producción intensiva y la utilización de químicos, había alterado. “Nos dimos cuenta de que no solo era un control mucho más limpio y medioambientalmente sostenible, sino más eficiente, porque eliminaba el problema de las mutaciones y resistencias”.

Colmena en una plantación de tomates.ampliar foto
Colmena en una plantación de tomates.Agrobío

 

Gracias a una tecnología “muy potente”, un gran equipo de investigadores y una apuesta decidida por la I+D, seleccionaron insectos capaces de hacer frente a las peores pesadillas de los agricultores: el trip, la mosca blanca, la araña roja, el pulgón o la polilla Tuta absoluta. “En apenas cuatro o cinco años habíamos introducido los principales insectos más usados de la zona”, cuenta. Desde entonces, han ampliado las áreas de investigación y el mercado ha cogido mucha fuerza. Del 1% en 2007, hoy el biocontrol representa cerca del 60% de su facturación, frente al 40% de los abejorros.

La respuesta que obtuvieron del sector hortícola fue “abrumadora”. “Nunca se había vivido una reconversión así en apenas dos o tres años. Ya no era solo que los consumidores lo demandasen, es que las más de 100.000 personas que trabajan bajo los plásticos en Almería eran los que más sufrían el uso de los químicos”, destaca. En la actualidad, cerca del 80% de los cultivos de la zona utiliza insectos como parte del control de plagas y en algunos, como el pimiento, llega al 100%. “Ya no hay marcha atrás. Los agricultores están concienciados y cuando lo prueban quieren más”, se felicita Santorromán

 

 

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